Su color caoba, cuerpo corpulento y gran cornamenta es parte destacada de los campos de Andalucía, de esos territorios, las dehesas, en los que el equilibrio se antoja perfecto.

Paisaje de pastos, matorrales, encinas, alcornoques… en el que ella, la raza Retinta, ejerce su reinado desde tiempos remotos.

Oasis natural en el que no es de extrañar que esta raza, procedente de los troncos de Rubia gaditana, Colorada andaluza y Roja extremeña, atesore algunos de los bocados carnales más apreciados por los amantes de lo diferente, de lo exquisito.

Un auténtico pecado carnal que se expresa en todas y cada una de las partes, más de una veintena (falda, morcillo, culata de contra, contra, redondo, solomillo, costillar…), de una raza que es aquí, en tierras andaluzas, principalmente en la provincia de Cádiz, donde tiene su mayor santuario.  

Carne sabrosa, de texturas variadas y sorprendentes, en el que los niveles de maduración marcan un antes y un después y que da pulso a una propuesta gastronómica de las que apasionan, que tiene en el fuego a su gran aliado.

Así que no te lo pienses más. Busca uno de esos buenos restaurantes andaluces que trabajan la raza Retinta y lánzate a una experiencia que pasará a formar parte de la memoria de tu paladar.