CÓRDOBA

Hornachuelos, Posadas, Almodóvar del Río y Villaviciosa de Córdoba son los pueblos que adornan el que, sin lugar a dudas, es uno de los espacios de bosque mediterráneo y ribera mejor conservados de Andalucía, la Sierra de Hornachuelos.

Paisaje en el que las encinas centenarias son las grandes protagonistas de un territorio que se debate entre bosques densos, relieves abruptos y ese mágico decorado que es la dehesa, donde la vida fluye de forma sostenible entre alcornoques, encinas, quejigos y robles andaluces. 

Atalaya del Guadalquivir, el agua que da vida a la Sierra de Hornachuelos fluye por el Bembézar, Retortillo y Guadiato para ir modelando un perfil de colores y aromas penetrantes de madroños, romeros, oréganos, coscojas, lentiscos, jaras, aulagas y cantuesos.

Decorado de especial belleza del que han hecho su cobijo y escenario de supervivencia especies como el águila real, imperial y perdicera, cigüeña negra, milano real, meloncillo, nutria, comadreja, hurón, gato montés, murciélago mediano de herradura y, entre otras muchas, el jarabugo, pez de presencia testimonial en el Guadalquivir.

Especies que habitan a la sombra de las espectaculares alas de buitres negros y leonados, que ‘arañan’ el cielo de un espacio natural que nos invita a perdernos por senderos de vida.

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